Un poquito de Un amor prohibido.

“Hugo trago saliva, se levantó y se puso detrás de ella. Cogió la cremallera, que empezaba muy por debajo de la espalda y con suavidad se la subió. No pudo contenerse, y a medida que le subía la cremallera, le rozaba sutilmente con la yema
de su dedo su piel suave. El contacto hizo que se le erizara la piel y que su corazón latiese desbocado. Volvió a tragar saliva y respiro hondo para tranquilizarse.” (Un amor prohibido)

 

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