No te enamores de mí en Google Play.

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Ver que después de nueve meses de su lanzamiento, No te enamores de mí, esté en el top 100 de #GooglePlay, es una auténtica pasada. Gracias, de verdad. Sin vosotras esto no sería posible. ❤ Y además, para redondear la tarde-noche, veo que mi novela está acompañada por una gran amiga.

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“No te enamores de mí” en el top 100 de romántica México.

Maravillada y emocionada al ver que, “No te enamores de mi”, está en el top 100 de romántica en el portal de Amazon México, además muy bien acompañada por dos compañeras de editorial. Emoticón heart
¡¡Gracias por vuestro apoyo!! ‪#‎México‬ ‪#‎Top100‬ ‪#‎NoTeEnamoresDeMí‬ ‪#‎NovelaRomántica‬
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Un beso en Corfú.


UN BESO EN CORFÚ.

Es una preciosa tarde de principios de verano, el sol comienza a esconderse tras el horizonte, desde allí tenemos una panorámica envidiable de la isla, donde un monte verde es bordeado por un mar muy azul, el cielo se envuelve de preciosos matices anaranjados, y no puedo dejar de observar a Elisa y a Pablo que se miran enamorados, mientras el juez pronuncia el discurso que los unirá como marido y mujer. Ella está espectacular con un vaporoso vestido estilo princesa con pedrería en el corsé, su cabello rubio, anudado en un discreto y elegante recogido; y él viste un traje negro, chaleco y corbata dorada, que lo hace aún más atractivo de lo que es. El lugar elegido para contraer matrimonio es insuperable por su belleza, por su historia y por lo que significa para la novia ―le recuerda a su madre fallecida―. Nos encontramos en la isla de Corfú, en el palacio que hizo construir la Emperatriz Elisabeth de Baviera, más conocida por todos como Sissi. Una preciosa pérgola realizada en escayola blanca, imitando el estilo griego de aquel precioso palacete, cobija a los novios que escuchan emocionados, las palabras de aquella persona que tienen delante, a sus espaldas se encuentran los invitados, los más allegados a éstos, y unos cuantos agentes de seguridad, intentando que la privacidad de aquel día no quede trastocada por algún ojo indiscreto. La prensa siempre anda al acecho de capturar alguna instantánea de la pareja, algo normal pues ella es alguien muy importante en Europa, aunque no le guste reconocerlo… Recuerdo con ternura y asombro cuando me contaron cómo se conocieron, cómo él no se rindió ante las adversidades y como ella luchó para que su amor llegase a buen puerto, una historia muy intensa que me hizo pensar mucho, por cómo estaba viviendo últimamente mi vida… Los veo y puedo incluso creer en el amor verdadero, ellos lo han conseguido, de eso no tengo dudas, sus miradas me lo dicen y ya me estoy haciendo toda una experta en identificar ese tipo de cosas…

―Abril, tenemos a un periodista que se nos ha colado por uno de los laterales del palacio ―escuché por el pinganillo que llevaba enganchado en la oreja.

―Comprueba que no haya hecho fotos y lo echas ―digo accionando el botón, para poder hablar por el micrófono que incorpora el pinganillo.

―Ahora mismo lo compruebo ―me comenta.

El juez da paso a los votos y me llevo una mano al pecho cuando escucho hablar a Pablo, con esa voz que es capaz de enamorar a cualquiera, con esos ojos mirando a la mujer que ama.

―Yo Pablo Medina, te prometo que te amaré sin más, te cuidaré y haré que tu vida siempre tenga sentido a mi lado. Elisa, te amo desde la primera vez que me miraste, con esos ojos tan claros y llenos de vitalidad, te amo por ser como eres y, sobre todo, por cómo me siento cuando estoy a tu lado. Eres la mujer de mi vida, la única que he dejado entrar en mi corazón ―declara con voz pausada, mientras le coge de la mano, sin dejar de mirar su rostro iluminado por el amor y por la felicidad.

―Yo, Elisabeth Nassau Orange, prometo estar siempre a tu lado, recorrer este viaje eterno de la mano y nunca dejar de quererte. Eres el único capaz de enfrentarse a todos mis miedos, de hacerme más fuerte solo con tenerte al lado, eres todo lo que siempre he anhelado y mucho más. Lo eres todo para mí, Pablo. Tú le das sentido a mi vida, sin ti no sería nada. Te amo ―afirma Elisa visiblemente emocionada.

Suspiro para tranquilizarme y no ponerme a llorar como una boba, no es la primera boda que organizo, pero ésta es especial por todo lo que han tenido que pasar hasta llegar a este día y, además, me coge más sensible de lo normal, cuando acabe esta ceremonia tendré unos días de vacaciones y sé que echaré de menos el trajín de este trabajo, que se ha convertido en una parte muy importarte de mi vida, para ser exactos es el motor que me hace mover mi vida y no echarme a llorar en cualquier esquina. El juez da paso al intercambio de anillos y los novios no pueden dejar de sonreír de pura felicidad.

―Cuando se besen, que empiece la música y que echen los pétalos de rosa ―comento en voz baja por el micrófono al personal que tengo contratado. Quiero que esta boda salga a la perfección.

El juez, con una sonrisa en los labios y echándole una ojeada al padre de la novia, como si le estuviera pidiendo permiso, ya que impone mucho, todo hay que decirlo, los declara marido y mujer, y ellos, con una gran sonrisa enmarcada en sus rostros, se acercan y se funden en un precioso e idílico beso que hacen que todos los allí reunidos, incluida yo, nos pongamos a aplaudir con efusividad. Los pétalos y la música salen justo en el momento indicado y Maca, la fotógrafa, socia y amiga, les hace mil y una fotos para inmortalizar aquel precioso enlace. Intento que no se me note que alguna lagrimilla se me ha escapado, por culpa de ese precioso momento, disimulo mientras miro la tableta que siempre llevo encima, con el organigrama de la boda y todo el programa que he creado para que ese día sea especial. Los novios se dirigen hacia los jardines del palacio de Achilleion con Maca, les va a hacer un reportaje de fotos. Los invitados pasan a una carpa que está dispuesta para albergar la cena y donde se va a servir un cóctel de bienvenida mientras los novios terminan de posar para las fotos. Todo está saliendo como quiero, sin ningún fleco suelto, sin fallos, intento tranquilizarme pero la verdad es que no lo consigo. Esta boda es muy importante para el negocio, hemos pasado a la categoría A, la de los personajes famosos y espero que no sean los primeros que contraten nuestros servicios. Me acerco a la carpa para ver cómo se está organizando el catering que he contratado y, ya de paso, tomar una copita de champán que me apacigüe un poco, si sigo con estos nervios, es posible que no llegue al primer baile de los novios y me tengan que llevar en ambulancia al hospital más cercano. Suspiro aliviada al ver que el ambiente allí dentro es fantástico, la gente habla entre sí mientras se toman alguna copa y esperan a que lleguen los protagonistas de la celebración. Me permito acercarme a la barra y coger una copa para mí, me alejo hacia el fondo donde nadie puede verme pero yo sí a ellos y saboreó aquella bebida casi con deleite, obligándome casi a tranquilizarme para disfrutar del resultado de tantos meses de trabajo.

―¿Es usted la encargada de todo esto? ―escucho que me preguntan a mi espalda, mientras alguien me toca con sus dedos en el hombro, me giro y lo miro. Es un hombre de unos treinta y poco años, moreno y de mirada oscura. Alto, más que la media, de complexión atlética y guapo hasta decir basta, casi me atraganto con el champán al verlo.

―Sí, ¿ocurre algo? ―pregunto dejando la copa en una bandeja que porta un camarero que pasa por allí.

―Pues sí, señorita. Creo que usted está más pendiente de lucir palmito que de velar por la privacidad de esta boda ―me dice en un tono despectivo, mientras aprieta la mandíbula y la nuez de su garganta se le marca en el cuello.

―¿Y se puede saber quién es usted para decirme eso? ―pregunto encarándome a él. Una cosa es que esté bueno y otra bien distinta es que sea un gilipollas redomado.

―Soy Julen, un amigo de Pablo y he comprobado que el ala oeste del palacio está sin vigilar y desde ahí se pueden sacar fotos de los novios ―anuncia mientras señala hacia un lateral donde veo, para mi disgusto, que tiene razón y no hay nadie allí vigilando.

―Gracias por su ayuda ―mascullo molesta, por no poder desmentir lo que él me estaba señalando; mientras me alejo de él, acciono el micrófono para hablar con los guardias de seguridad a los que pongo en situación en el acto.

Al poco está todo controlado, aun así no me fio, y doy una vuelta por el precioso palacio elegido por Elisa para contraer matrimonio, las farolas iluminan el camino y la luna llena hace aquella noche mágica, la verdad es que los novios han elegido muy bien el lugar para contraer matrimonio: es simplemente precioso. Veo con alivio que Maca ya ha terminado de hacer el reportaje y viene con los novios, que caminan hacia mí con las manos cogidas. Mi amiga desentona en medio de ellos, no porque sea fea, que no lo es, es porque es más basta que un arado. Va con unos vaqueros desgastados, en contra de mi voluntad ―todo hay que decirlo―, una camiseta de lentejuelas doradas y unas sandalias planas. Su cabello moreno está recogido en una coleta prieta y de su cuello cuelga la cámara de fotos, que se balancea a causa de las grandes zancadas que da para andar.

―¿Cómo va todo, Abril? ―me pregunta Elisa con una sonrisa.

―Todo está saliendo como queremos. Disfrutad ahora de la celebración ―le digo con ternura al ver su rostro resplandeciente de felicidad―. Chicos, preparaos, van a entrar los novios ―comunico al personal desde mi micrófono.

―Esto es precioso, Abril ―comenta Maca mientras vemos como los novios se dirigen hacia la carpa donde los invitados los esperan―. Ha sido un acierto comenzar aquí nuestras vacaciones, he visto unas playas preciosas para poder tumbarnos al sol y relajarnos totalmente.

Van a ser nuestras primeras vacaciones después de mucho tiempo trabajando en el negocio y estamos ansiosas por comenzar a descansar un poco, más Maca que yo, no sé pero me da a mí, que estas vacaciones se me van a hacer eternas… Nos acercamos hacia la carpa para ver cómo va todo por allí y lo que veo me hace sonreír, la gente aplaude a los novios mientras ellos se besan de nuevo. Pero ¡qué bonito es el amor!

Cuando veo que la cena está gustando a todos los invitados y que los novios me hacen una señal de que me relaje, me voy con Maca a una mesa apartada de todos los invitados, para cenar. La verdad es que mis pies me duelen horrores y ahora envidio a Maca que ha pasado de formalismos y ha preferido ir más cómoda que mona. Yo, como siempre que tengo una boda, intento ir elegante y vestida para la ocasión, aunque sea mi trabajo, debo de dar una buena imagen a los invitados y a los novios que nos han contratado. Para este enlace es posible que me haya excedido un poco, pero no todos los días se asiste a una boda así de especial, ¿no? Lo bueno es que no desentono con el resto de invitados, voy con un deslumbrante vestido largo hasta los pies, de estilo griego en color azul. La melena rubia la llevo suelta y peinada con ondas anchas y me he maquillado acentuando mis labios, que es lo más sugerente que hay en mí.

―Abril ―me llama Maca en voz baja haciendo que salga de mis pensamientos―, Pablo te está haciendo señales para que vayas.

Levanto la vista y lo veo de pie, a escasos metros de mí, al lado de éste está Julen, el amigo que me había avisado de que había un fallo en la seguridad de la boda; dejo la servilleta sobre la mesa y me levanto de la silla para encaminarme hacia donde están ellos, al ver que voy hacia allí, salen al jardín, supongo que para tener más intimidad a la hora de hablar. Estoy nerviosa, no puedo decir lo contrario, no sé si me van a echar una bronca o qué me van a decir… Solo espero que esto no afecte al futuro de nuestra pequeña empresa.

―Gracias por venir, Abril. ―Sonríe Pablo mientras me detengo al lado de ellos―. Me ha comentado Julen que ha hablado contigo antes sobre la seguridad que está teniendo la boda y quería decirte, delante de él, que estamos muy contentos por la gran labor que estás haciendo.

―Gracias, Pablo… Pero la verdad es que tu amigo tenía razón y había un lado del palacio sin vigilancia ―confieso observando que el amigo no aparta la mirada de mí y yo me pongo cada vez más nerviosa por la intensidad de esa mirada.

―Pero lo importante es que ya está solucionado. Ahora Julen, dile a Abril lo que me has dicho hace un momento. ―apremia Pablo dándole una palmada a la espalda de su amigo―: Es buen chico, aunque a veces debería pensar antes de hablar ―me comenta mientras nos sonríe y se adentra de nuevo en la fiesta.

―Bueno, quería disculparme por las malas formas que he tenido antes… No suelo ser así de rudo, pero no quiero que sufran… ―explica con voz segura y profunda. Pero ¿era así de guapo antes? Ay, madre… Creo que me he pasado con el champán, me tiemblan las piernas y solo puedo ver sus preciosos, e impresionantes, ojos negros.

―Disculpas aceptadas, en todo caso tengo que agradecerte que me avisaras. Uno de los guardias se había equivocado y estaba vigilando un lateral donde no hacía falta ―susurro intentando que no se note mi reacción desmedida por tenerlo cerca.

―¿Nunca has pensado en dedicarte a la seguridad civil? ―me sorprendo con esa pregunta.

―Ehm… No, nunca. No creo que valga para ese trabajo. ¿Eres compañero de Pablo? ―curioseo, no sé qué me pasa pero los hombres con uniforme me gustan y solo de pensar que ese ejemplar de macho ibérico lleva uno todos los días, me excito sobremanera.

―No, no soy guardia civil ―dice tocándose el cabello distraidamente―. Aunque también me dedico a proteger a la gente.

―¿Qué eres una especie de policía secreta?

―No te lo puedo decir, sino te tendría que matar ―bromea y a mí me deja con ganas de saber qué clase de uniforme lleva, porque tengo claro que utiliza uno…―: Entonces, ahora que está arreglado el problema, ¿puedo invitarte a una copa?

―Lo siento, pero aún estoy trabajando ―digo con solemnidad, pues soy de las que piensa que es mejor no mezclar el trabajo con el placer.

―Pues cuando termines de trabajar… ―me dice con una sonrisa encantadora.

Lo miro y sonrío, mientras me doy la vuelta y me adentro en la carpa sin contestarle. No me gusta repetir las cosas dos veces y menos a ese tipo que me crea cierta inseguridad. No sé por qué, pero su voz, su cuerpo, desprende algo que me hace titubear y no me gusta sentirme así delante de nadie, y menos si es un hombre.

Intento concentrarme en lo que verdaderamente importa: esa boda. Todo está saliendo a pedir de boca gracias a todo nuestro trabajo previo, ya que hemos echado más horas que un reloj para que así sea… Maca se ha ido al lado de los novios para seguir haciéndoles fotos y yo estoy vigilando que todo vaya según el plan establecido, pero claro no cuento con un contratiempo, uno pequeñito que me está sacando de quicio y que incluso está a punto de hacerme gritar alguna grosería, aunque no sea mi estilo. Pues allí sigue, el amiguísimo de Pablo que hace que mis piernas tiemblen cuando él está demasiado cerca, mirándome sin casi parpadear. ¡Hombre, por Diorrrr, que se te van a secar las retinas de tanto mirar fijamente! Intento disimular la poca gracia que me hace que alguien esté tan pendiente de mí, no puedo evitarlo, me crea nerviosísimo y estoy muchísimo más patosa. Me he tropezado con Jorge, el mejor amigo de Pablo, ya dos veces; espero que no piense que lo hago adrede, aunque la verdad el muchacho está de toma pan y moja… Pero, cómo no, el muchacho tiene novia y es la mejor amiga de Elisa, que ya me ha echado un par de miradas por tanto acercamiento involuntario por mi parte, a su chico.

―¿Sabes que no tienes pinta de valenciana? ―me dice Julen sobresaltándome, pues no esperaba que nadie hablase a mis espaldas y hace que dude de que en realidad sea como un ninja camuflado.

―Es que el estilo princesa Leia no pegaba mucho con este vestido ―suelto con ironía refiriéndome al peinado típico de fallera, mientras me giro y lo miro a la cara.

―Mujer, no te lo decía por eso ―comenta entre risas. Cuando sonríe, su rostro se endulza e incluso está mucho más guapo―. Cuando me han dicho que tú eras la organizadora de la boda he pensado que serías extranjera; tu cabello parece rubio natural, pero claro de esas cosas entiendo bien poco…

―No hace falta que jures que no entiendes… Te voy a confiar un secreto: también existen las españolas rubias naturales, no es un mito.

―Gracias por aclararme esa duda que me carcomía por dentro ―dice entre risas, parece que le he hecho gracia al muchacho…

―De nada, para eso estamos ―susurro entre dientes maldiciendo el cosquilleo que siento debajo del vientre cuando sonríe Julen.

―Me encanta tu nombre, Abril… ―comenta dando un paso hacia mí.

―Me alegro por ti ―digo dando un paso hacia atrás, necesito aire entre los dos, no sé qué me pasa, pero tiene algo que me atrae y mucho.

―¿Me das un beso? ―pregunta sin previo aviso mirando mis labios.

―¿Qué? ¡Ni de coña! Yo no voy por ahí regalando besos a extraños ―suelto ofendida, aunque por dentro estoy deseando colgarme a su cuello y devorarle esos labios perfectos que se contraen cuando sonríe.

―¿Y si me lo gano? ―pregunta divertido.

―¿Cómo te lo vas a ganar?

―Salvándote ―contesta regalándome una preciosa sonrisa que achica sus ojos negros, oscuros como la noche.

―Puaj… Ya empezamos con el discurso de: ¡¡¡¡Yo te salvaré!!!! ―digo de manera teatral, haciendo que éste se ría de nuevo.

―Se puede salvar a alguien de muchas maneras. Puede que lo haga esta noche ―dice muy convencido mostrándome de nuevo su sonrisa, lo miro con desconfianza porque no sé de qué va y no soy de las que asisten a las bodas a ligar, y menos aún cuando soy la organizadora de dicha boda.

―Ale, pues buena suerte, machote ―le digo dándole dos sonoras palmadas en la espalda mientras me alejo de él y pongo tierra de por medio para que no se me acerque.

La fiesta sigue su curso y comienza el baile, se nota que el ambiente es mucho más relajado, todos bailan y ríen. Intento serenarme un poco, Julen ha sacado una parte de mí que tenía bastante en desuso, no soy de las que se impresionan por nada ni por nadie y él, bueno… me pone nerviosa. Han pasado tres años desde mi último lío amoroso, me ha venido muy bien este tiempo de reposo, de mirar solo por mí y dejar de lado un poco el tema hombres, pues mi última relación me dejó mal sabor de boca; y claro, ahora viene este maromo y me trastoca por completo. ¡Qué ilusa soy! Yo que creía que ya me había hecho inmune a este tipo de hombres… Me centro de nuevo en la fiesta, se percibe que todo está saliendo como los novios habían pedido, querían un enlace íntimo, con sus amigos y familiares, para poder divertirse y celebrar su amor. Elisa me guiña el ojo mientras Pablo la coge por la cintura y se balancean al ritmo de la música. Lo vuelvo a ver, está allá donde yo mire, y él, tan guapo y seguro de sí mismo, me sonríe como esperando la oportunidad para besarme. Pero ¿por qué? ¿Es que es obligado besar a la organizadora de la boda? ¡Pues no! De repente mi pinganillo se activa y uno de los hombres de seguridad contratados me avisa de que alguien ha entrado sin permiso. ¡Lo que me faltaba! Me cojo el largo del vestido y comienzo a andar hacia la zona por donde han visto a alguien extraño, no voy a permitir que nadie dispare un flash sin mi consentimiento, aunque me tenga que pelear con quién sea.

―¡Eh, tú! ―suelto con rabia mientras comienzo a correr, torpemente, con mis tacones, hacia una sombra alargada que veo moverse.

El grito no surte efecto y se aleja de mí introduciéndose por el jardín donde unas columnas griegas hacen de aquel lugar algo único. Debo reconocer que estoy asustada, pues escucho otros pasos que se aproximan hacia mí, sigo corriendo, sin detenerme mientras hablo con los de seguridad, sigue sin aparecer y a mí me va a dar un algo, como salgan los novios en alguna revista del corazón estoy acabada… Oigo un grito que hace que me detenga de golpe, luego una voz masculina recriminando algo y comienzo a dirigirme hacia esa voz. Lo que veo me deja boquiabierta, allí está Julen, cogiendo de una mano a un hombre que lleva una cámara de fotos y le dice de todo menos bonito. Acciono el micrófono de mi pinganillo y le digo a un guardia seguridad que lo tenemos, que venga hacia donde me encuentro y que se lo lleve de mi vista. Cuando me escucha hablar Julen, se gira y me sonríe. Será puñetero el tío, al final me ha salvado…

―Creo que me debes algo ―me dice Julen, en tono socarrón cuando uno de mis hombres se lleva al periodista.

―¿Yo a ti? ―suelto haciéndome la tonta y bailando un fandango por dentro. Ay, Abril… pero ¿qué tiene ese hombre para que te sientas como una adolescente?

―No soy de los que van pidiendo besos a las mujeres bonitas que conoce, pero no sé, llámame loco si quieres, me gustas, hay algo en ti que me atrae y solo me pide probar esos labios de fresa.

―Mira, si te ha salido el título de una canción… ―resoplo haciéndome la dura, aunque esté deseando que me bese donde a él le apetezca.

―Uno pequeño, solo uno y te dejaré en paz ―me promete con voz ronca.

―Dame una buena razón para que lo haga ―susurro intentando recobrar el aliento al imaginar sus labios sobre los míos.

―Nunca he dado un beso en Corfú y no quiero morirme sin haberlo hecho ―me dice muy serio mientras clava su mirada oscura en mí y hace que tiemble como un pajarito abandonado.

Sin darme tiempo a recriminar aquel absurdo pretexto, me coge por la cintura y me acerca a su cuerpo musculoso. Puf… ¡cómo está el chiquillo! Me acaricia con suavidad la clavícula sin dejar de mirarme, me pierdo en su mirada y creo que ya no puedo controlar mi voluntad, me ha cegado y ahora lo único que quiero es que me bese y me haga suya en Corfú o dónde él quiera. Acerca, poco a poco, su boca a la mía, haciendo de aquel pequeño espacio que nos separa una tortura y deposita en mis labios un suave beso, cálido, ardiente. Su aroma me embriaga y su cuerpo me envuelve. En ese momento sé que quiero más de Julen y me quedo expectante ante lo que tiene que venir ahora: el beso de verdad, ese que nos llevará a desatar la pasión que hay encerrada en nuestro cuerpos, a saciarla con nuestras manos y nuestras bocas, pero pasa algo raro, para ser exactos no ocurre nada más; ese beso que estoy deseando no llega, abro los ojos encontrándome la mirada burlona de éste que me observar sin pestañear.

―Te dije que sería pequeño… ―susurra mientras sonríe y se aleja de mí.

Me quedo con cara de tonta mientras lo veo alejarse de mí, mi cuerpo arde y quiero más, más beso y más Julen… Pero no hay nada de eso, solo la luna, iluminando el camino que me separa, de la fiesta que he organizado durante tanto tiempo.

El fin de fiesta ha sido precioso, muy emotivo ya que los amigos de Pablo han preparado a ambos un vídeo con fotos de los novios, inolvidable, tanto para Elisa y Pablo ―que se despiden de mí con gratitud y prometiendo que nos recomendarán a sus conocidos para organizar sus bodas―, como para mí. No sé, algo tienen que me ha llegado muy adentro…Llegamos al hotel amaneciendo, me desnudo casi en modo zombie, mis pies casi ni los siento, entro en el cuarto de baño para quitarme el maquillaje y al salir, me encuentro a Maca tumbada en su cama y durmiendo con la ropa que llevaba puesta; sonrío mientras me tumbo en mi cama. ¡Oficialmente estamos de vacaciones!. Tengo un problema, solo uno muy pequeño… ¡No puedo dejar de pensar en Julen! Desde aquel beso no lo he vuelto a ver, es como si hubiese desaparecido de la fiesta, yo lo he buscado, y vaya si lo he hecho, eso nadie me lo puede negar… Pero ni rastro de ese hombre moreno y guapo a rabiar, que me ha dejado con la miel en los labios. Resoplo frustrada y ansiosa, él ha desatado algo en mí que creía que no volvería a sentir. Alcanzo mi bolso para apagar el móvil y me encuentro en el interior una nota escrita con una bonita caligrafía. Me quedo extrañada con ese papel en la mano y lo comienzo a leer:

Quiero que estés preparada para cuando nos volvamos a encontrar. No sé ni dónde ni cuándo, pero sé que no voy a poder darte solamente un beso. Nos vemos pronto o, por lo menos, eso espero.

                                                                                       Julen.

Mierda, ¿y ahora qué hago? Tengo a un hombre preparándome psicológicamente para un futuro encuentro y lo único que quiero es que ese dia llegue ya, que nuestros caminos se vuelvan a cruzar para poder fundirme entre sus brazos… Buf… Me tocará llamar a Pablo y pedirle el teléfono de Julen… ¡O no! Pensándolo mejor, que sea él quien me busque, no quiero que piense que estoy desesperada y con ese pensamiento, un poco adolescente, me acomodo en la cama, no hace falta ser adivino para saber quién va a ser el protagonista de mi sueño: Julen, espero volver a encontrarme contigo para devolverte esta sensación de quemazón que me ha dejado el pequeño encuentro que hemos tenido.

Continuará…

Si quieres saber más de Abril y Julen, no te pierdas «Campanilla olvidó volar», a la venta el 21 de febrero de 2017.
Loles López.