Un crucero inesperado.

Un crucero inesperado

 

            UN CRUCERO INESPERADO.

Sofía esperó a que su amigo abriera la puerta de su casa, la había llamado hacía unos minutos al móvil y le había pedido, casi entre sollozos, que fuera a hablar con él, pues la necesitaba en esos momentos…

―Gracias por venir ―dijo Andreas mientras le daba un par de besos en las mejillas y la dejaba pasar.

Sofía entró en su loft del centro de Segovia, de estilo moderno y liviano, preocupándose en el acto por el aspecto deplorable de su querido amigo.

―¿Has llorado? ―preguntó Sofía observando sus ojos rojos e hinchados, su ropa arrugada y desigual, sabiendo en el acto que aquello era una señal de las razones por la cuales la había hecho venir, a su casa, en un día laboral y a horas de trabajo.

―Ay, Sofi… ―gimió reprimiendo un sollozo mientras se sentaban los dos en el cómodo sofá negro―: ¡Se ha ido!

―¿Quién se ha ido? ―preguntó sin entender nada.

―Mi amor, mi vida, la luz de mi existencia ―contestó de manera teatral.

―¡Ay, Andreas! No exageres, que no estamos dentro de una de tus novelas… A ver, cuéntame qué ha pasado.

―Anoche, cuando fui a ver a Dimas en el pub, me contó que le habían ofrecido una fantástica oportunidad para tocar en Chicago… ―explicó casi en voz baja mientras buscaba las manos de su amiga para estrechárselas―: No me dio opción a réplica. ¡Él ya había decidido que se iría sin contar conmigo! ¡¡Sin importarle lo mucho que lo quiero!! ―exclamó compungido.

―No es por nada, pero esto ya te lo dije yo en cuanto me lo presentaste ―dijo Sofía con cariño mientras observaba que Andreas se limpiaba las lágrimas con un pañuelo de tela.

―Lo sé, pero creía que él era el definitivo, que era especial, que nos queríamos… ―farfulló con pesadez.

―¿Por qué no viniste anoche a casa para contármelo? Habrás pasado una noche horrible…

―Bueno… La verdad es que acaba de irse hace un momento… ―murmuró Andreas mientras se mordía el labio, sabiendo que aquello no le iba a gustar a su amiga. Sofía lo miró con desaprobación mientras negaba con la cabeza―: ¿Qué quieres? ¡Tenía que despedirme como toca!

―¿Qué voy a hacer contigo, Andreas? ―preguntó con un susurro.

―Quererme y decirme que encontraré el amor de mi vida ―dijo con una tímida sonrisa que contagió a su amiga.

―Ya sabes que te quiero y por eso espero que lo encuentres. Pero te enamoras muy fácilmente, Andreas. No puedes ver como un hombre toca la guitarra y enamorarte al segundo de comenzar a hablar con él.

―Dimas es un imán para mí.

―Pues tu imán se va unos cuántos miles de kilómetros de tu lado.

―Querida, eres única para animar a la gente ―chasqueó la lengua mientras la miraba de reojo.

―Andreas, ¿cuántas veces, desde que nos conocemos, hemos estado en esta tesitura?

―Mmmmm… ―titubeó―: Unas cuantas, la verdad.

―Sabes que me duele verte así, pero es que tienes que racionalizar tus emociones, no puedes enamorarte de alguien que ni siquiera conoces.

―Por lo menos yo le doy una oportunidad al amor, aunque me den mil palos… No como otras…

―Hala, ya he salido yo escaldada… ―farfulló Sofía mientras se recostaba sobre el respaldo del sofá.

―¿Cuánto hace ya desde que lo dejaste con Don Machomen?

―Un año.

―Y desde entonces no has vuelto a quedar con nadie.

―Andreas, no encuentro a nadie lo suficientemente interesante…

―¿Cómo lo vas a encontrar? Siempre estás trabajando…

―Yo he venido aquí para consolarte, no para llevarme una bronca. ―Hizo una pequeña pausa para inclinarse hacia su amigo―: ¡Vamos a comenzar con la terapia! Dime cosas que detestabas de él.

―Ay, Sofi, Dimas era perfecto, ¡perfecto!

―Anda, no seas exagerado. Tenía un cuchitril de piso, iba vestido con harapos y, te podría asegurar que su perfume corporal, no era el mejor que he olido ―comentó arrugando la nariz.

―Luego me dices que yo soy el exagerado… ―dijo con una tímida sonrisa―: No todos pueden vestir de Prada ni de Gucci, señorita MePongoSoloMarcas.

―Pero ¿y la higiene? Eso no viene de la mano con tener gusto o no para vestir.

―Buf… ¡No sé, Sofi! Necesito algo más que la lista de las cosas negativas… ―comentó bajando los hombros y la cabeza, sintiéndose derrotado por aquella ruptura.

―Nos pondremos con el plan de choque urgente. Hoy sesión doble: centro comercial y spa.

Andreas levantó la mirada y se levantó del sofá.

―En cinco minutos estoy listo ―comentó mientras se dirigía hacia su dormitorio para cambiarse de ropa.

Sofía sonrió mientras lo miraba marchar. Era su mejor amigo, mejor dicho su único amigo, el único que sabía cómo era ella en realidad, la entendía, la comprendía y, además, la quería. Ahora le tocaba a ella hacer que olvidara al músico bohemio del que se había enamorado perdidamente en cuestión de tres meses. Aunque le costase, haría que lo olvidara y que volviese a ser ese optimista y loco amigo que siempre estaba a su lado.

La terapia de choque no resultó tan efectiva como otras veces, aunque estuvieron comprando y relajándose en el mejor spa de Segovia, no consiguió que Andreas se olvidara del daño que le había hecho Dimas. Al día siguiente intentó compaginar, lo mejor posible, su trabajo con la ardua tarea de animar a su decaído amigo, llevándoselo a las mejores boutiques e incluso haciendo una visita fugaz a la milla de oro de Madrid, pero, aún, no había consuelo para él. A los dos días, Andreas la sorprendió en la puerta de su casa, venía mucho más animado que el día anterior, cuando había estado durante más de dos horas llorando y comiendo helado de chocolate, mientras hablaba de las mil y una virtudes del noviazgo que había mantenido con Dimas.

―¿No habíamos quedado esta tarde? ―preguntó Sofía abriendo la puerta de su casa y haciendo que entrase.

―No podía esperar, Sofi. ¡He encontrado la solución perfecta para superar lo mío con Dimas!

―Cuenta ―comentó esperanzada de ver un indicio de recuperación en él.

―¡Nos vamos de crucero!

―¿Cómo que nos vamos de crucero? ―preguntó extrañada.

―Sí, mira, ya tengo los billetes. ¡Salimos en unos días!

―No puedo coger ahora vacaciones, mi abuelo…

―Sofi, te necesito y, claro que puedes cogerte vacaciones ahora. Solamente díselo a tus abuelos y ya verás cómo te dan dos besitos mientras te desean que lo pases bien ―comentó con alegría.

―Pero Andreas…

―Sofi, por favor, te prometo que me lo pensaré antes de enamorarme de otro ―suplicó poniendo cara de niño bueno.

―De acuerdo… ¿Y dónde se supone que nos vamos?

―A un crucero por los Fiordos Noruegos ―contestó exultante por la emoción―. Además no es un crucero normal y corriente.

―¿Ah, no? ―preguntó aturdida por tanta información.

―No, es un crucero Single.

―¡¿Un crucero Single?! ¿Qué pinto yo en un sitio como ése? ―preguntó mostrando en su rostro la desaprobación de aquel lugar.

―A ver, señorita Gruñona, creo que usted sigue soltera. ¿No lo ves? ¡Es la oportunidad perfecta para conocer a hombres solteros!

―Yo no quiero conocer a más solteros, Andreas ―protestó de malas maneras.

―Pero es una oportunidad maravillosa para conocer al hombre de tus sueños.

―Más bien al tuyo… ―susurró de mala gana―: Voy a ir por ti, quiero que quede claro. No quiero que me líes, ni me engañes para que salga con otro hombre. ¿Acuérdate de cómo acabé con Don Machomen?

―Como el Rosario de la Aurora ―murmuró aguantándose la risa, olvidando por completo lo mal que se sentía hacía unos días―: Tranquila, seré bueno. Pero tú me tienes que prometer que disfrutarás, que intentarás divertirte y que dejarás a la gruñona que hay en ti, aquí, en tu casita.

―Lo intentaré, pero no te prometo nada. ―Sonrió.

―¡Qué ilusión! ―exclamó mientras le daba un fuerte abrazo―: Estoy deseando zarpar.

―Por lo menos esto hace que estés más alegre… ―comentó observando el cambio que había dado su amigo al organizar aquella locura de viaje.

―Sí, y ya verás que cuando volvamos, habré olvidado por completo a Dimas.

―Eso espero.

―Te dejo. Tengo muchas cosas que preparar y tú también. ¡Hablamos!

Sofía se despidió de Andreas, se apoyó en la puerta de su casa y cerró los ojos: ¡Ella no quería ir a un crucero de ese estilo!

Los días siguientes fueron un autentico caos, estuvo trabajando durante horas para dejar todo el papeleo organizado y al día; además de prepararse el equipaje, aprovechando la ocasión, para meter algunos de sus últimos modelitos, que aún no había tenido oportunidad de estrenar.

La noche previa al viaje, le costó demasiado conciliar el sueño, los nervios, el dejar su trabajo durante quince largos días, y el hecho de tener que estar rodeada de tantos solteros, con las expectativas de encontrar alguien en ese barco, hacían de aquello casi una tortura para Sofía. Mientras recordaba que todo aquello lo hacía por Andreas, se quedó durmiendo…

 

Escuchó unos pasos acercándose… El sonido metálico al impactar contra el suelo… Sus lágrimas… La sangre… Un grito… Una mano intentando cogerla, sacudiéndola, abrió los ojos y se vio envuelta de sangre.

―¡¡Aaaaaaaaaaahhh!! ―gritó Sofía mientras se sentaba en la cama, abriendo los ojos y encendiendo la luz de su mesilla, buscando la inexistente sangre que había visto en aquella pesadilla―. Es un sueño, Sofía, un sueño… ―se decía a sí misma, intentando tranquilizar su cuerpo agitado y sudoroso.

Ya no pudo conciliar el sueño y al poco, se encontraba en pie, saliendo hacia la casa de Andreas para coger juntos un taxi. El trayecto, junto a Andreas, fue bastante animado, él estaba exultante con todo lo que harían en aquel barco, a la gente que conocerían y lo bien que les iría a partir de entonces. Sofía, poco a poco, comenzó a contagiarse de la energía de su amigo, era lo bueno que tenía estar a su lado: su manera de vivir la vida, de ver siempre la parte positiva a las cosas, hacía que ella también se sintiera así. En el avión estuvieron hablando sin parar y, poco a poco, comenzó a olvidarse por completo de aquella pesadilla que le había robado el sueño, sonriendo con las ideas disparatas de su amigo.

Llegaron al puerto, donde les esperaba el impresionante y lujoso navío. Pero lo que no le gustó en absoluto a Sofía fue precisamente las personas que subían en él. ¿Es que no había un barómetro para elegir quién era apto y quién no? Estaba anonadada, había visto personas como ella, bien vestidas, con un toque de sofisticación, pero también los había que iban con ropa extravagante, con cabellos abultados y encrespados, con estilos imposibles y con gustos que dejaban mucho qué desear… Uno de ellos, la observó con descaro, repasando su cuerpo con la mirada, Sofía desvió la mirada y maldijo por dentro, intentando apartarse de ese tipo de personas lo antes posible.

Se fueron directamente a la recepción que les daba el barco, una fiesta en cubierta para romper un poco el hielo y comenzar a conocer a los demás pasajeros. Mientras Andreas fue a por un par de copas de champán, Sofía aprovechó para acercarse al borde del barco y poder contemplar la ciudad que no había podido ni siquiera visitar. De repente, algo en su interior, le dijo que aquello no había sido buena idea. Un barco lleno de solteros, solteros que dejaban el listón muy bajo, y ella allí, encerrada con ellos durante quince eternos días. ¿Por qué siempre se dejaba liar por Andreas? ¿Por qué no se había quedado en Segovia?

Pero lo que ella no sabía era que, precisamente en aquel crucero, encontraría lo que siempre había anhelado, a alguien que iba a hacer cambiar su monótona vida por completo, descubriéndole un mundo nuevo y a una nueva Sofía totalmente distinta.

 

Si te has quedado con ganas de saber qué ocurrirá en ese crucero y qué pasará con Sofía en él, el 12 de abril no te puedes perder:

           “Me lo enseñó una bruja”.

A la venta en librerías y en plataformas digitales bajo el sello de Esencia (Editorial Planeta).

Anuncios

10 comentarios en “Un crucero inesperado.

  1. Como siempre con ganas de más. Ya estoy ansiosa por conocer al resto de los integrantes de ese barco 👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻.
    Un abrazo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s