SPOILER Campanilla olvidó volar.

​¡Qué poquito queda para que descubráis esta emocionante y tierna historia! Vamos a añadirle un poco más de leña al fuego. 😉

Atención spoileeeeeeeeerrrrrrrrrrr!!!!! #CampanillaOlvidóVolar.

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―¿Ya te marchas? ―preguntó alguien detrás de ella.

Se dio la vuelta y vio a Julen apoyado en la pared, con los brazos cruzados y con los ojos posados en ella como si fuera una atracción de feria, irresistible para la mirada.

―Sí, ¿me estabas esperando? ―soltó Abril, alzando la barbilla para poder mirarlo a los ojos y enfrentarse a la seducción que destilaba por todos sus poros, y que la atraía hacia él sin remedio.

―Tenía la esperanza de que te apiadases de mí y aceptaras tomar un café conmigo… ―dijo Julen, mientras se le acercaba despacio, como si ella fuera una presa y él el rey de la selva.

―¿Apiadarme de ti? ―Abril rio a carcajadas ante la absurda situación que estaba viviendo y rompiendo de golpe aquella telaraña de atracción que se cernía sobre ella―. Ay, Julen, creo que has perdido el tiempo esperándome.

―Desde la noche en que nos conocimos en Corfú no he dejado de pensar en ti… Esto es una señal para retomar lo que dejamos a medias ―dijo con voz pausada, recorriéndola con la mirada y deteniéndose en sus labios, que sólo había probado de pasada y que le habían hecho sentir tanto.

―Te equivocas, esto no es ninguna señal, es una mera casualidad. Y si te soy sincera, menos mal que todo quedó como quedó. Aún no entiendo qué me ocurrió, no suelo hacer ese tipo de cosas y mucho menos cuando estoy trabajando…

―Entonces, fui la excepción… ―dijo él, elevando una ceja y sonriendo con picardía.

―Una excepción que nunca más se repetirá ―aseveró ella con rotundidad, abriendo el coche con el mando a distancia―. Adiós, Julen.

―Hasta pronto, Abril… ―contestó, sin poder disimular la diversión que sentía ante las contestaciones de aquella mujer, mientras observaba cómo entraba en su pequeño coche naranja.

Abril se puso el cinturón de seguridad, arrancó y salió hacia la carretera. Por el retrovisor vio a Julen, que seguía de pie donde lo había dejado, observando cómo se alejaba de él y de aquella tentación en mayúsculas que suponía para ella. Con mucho esfuerzo lo apartó de su mente.

Los kilómetros pasaron casi sin darse cuenta. Conducir era como una terapia para ella, la ayudaba a poner orden en sus pensamientos y controlar sus inquietudes para así no preocupar a la gente que quería. Pero durante las cuatro horas que duró el trayecto Madrid-Valencia, en lo único que pudo pensar fue en aquel hombre.
#YaQuedaMenos #21deFebrero #Zafiro #EditorialPlaneta

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