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De verdad, ¿te la vas a perder?
#Leer el primer capítulo: https://loleslopez.wordpress.com/2019/07/22/primer-capitulo-seria-mas-facil-odiarnos/

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¡Ya a la venta “Sería más fácil odiarnos”!

Buenos días y con el primer día de agosto…
🖤 ¡¡Ya a la venta #SeríaMásFácilOdiarnos!! 🖤 Descubre esta intensa e intrigante historia de amor, repleta de suspense con un toque de comedia que te enganchará desde la primera página y te recordará el primer amor. ¡Qué no te la cuenten!
#Sinopsis:

Una novela romántica contemporánea en la que se mezcla una historia de segundas oportunidades con otra de suspense, robo de joyas y dinero.

Cuando Tobías vuelve al pueblo de sus padres tras quince años de ausencia, se encuentra con que las cosas han cambiado mucho. Por un lado, su padre ha muerto y le ha dejado en herencia la empresa familiar. Por otro, su vecinita Rocío, a la que llamaban Pippi Calzaslargas, ha dejado de ser una niña, a la que, para su desgracia, la llaman muchas otras cosas y ninguna bonita.
Después de que algunos vecinos los pillen juntos en varias ocasiones, se empieza a barajar la idea de que la desvergonzada pelirroja ya ha puesto los ojos en el heredero. Eso provocará que ambos vivan situaciones extrañas, misteriosas, intensas, excitantes… y, aunque no sepan quién está detrás de tales artimañas, sienten que alguien intenta separarlos.
Descubre esta intensa historia de amor e intriga, en la que los protagonistas, que se saltan las normas sin importarles el qué dirán, viven una aventura tan extraordinaria como peligrosa.
#Leer el primer capítulo: https://loleslopez.wordpress.com/2019/07/22/primer-capitulo-seria-mas-facil-odiarnos/

Ya en preventa “Sería más fácil odiarnos”.

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Qué poquito queda para que conozcáis la intensa e intrigante historia de Tobías y Rocío. 🥰🥰😍😍

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Ya a la venta “¡Ni un flechazo más!”.

ni un flechazo mas y ya a la venta

Llegó el día, ya tenéis disponible en las principales tiendas digitales la divertida historia de Eva y Owen. Espero que “¡Ni un flechazo más!” os enamore tanto como a mí el escribirla.

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Primer capítulo de “¡Ni un flechazo más!”.

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                                                                              1

 
—No te muevas —lo reprendió con cariño.
—Si no lo hago; es este barco, que parece que está deseando que salga con el rostro
pintado como un payaso y no como la diva que soy.
—¿Estás nervioso? —preguntó observando cómo sus manos no paraban quietas,
atusándose la peluca pelirroja que llevaba puesta y alisando una minúscula arruga de su
esplendoroso vestido de raso en color dorado.
—Mucho.
—Lo vas a hacer fenomenal, Daryl —dijo mientras lo miraba con satisfacción al
ver cómo le quedaba el maquillaje de fantasía que le había aplicado con tanto
detenimiento, enmarcando su mirada gris con sombra dorada y purpurina, realzándole los pómulos con colorete e incluso creándole un lunar en la comisura del labio para darle un toque más sensual, al más puro estilo de Marilyn Monroe. Los labios los había agrandado gracias a un perfilador de un tono un poco más claro que el pintalabios, creando una ilusión óptica de tenerlos mullidos, grandes y carnosos, gracias al lápiz labial de color rojo, el cual había costado una pequeña fortuna.
—Eso espero —suspiró Daryl, contemplando el resultado en el espejo y sonriendo
al devolverle la sonrisa su alter ego—. Ya estoy lista. —Se refirió a sí mismo en femenino,
algo que siempre hacia cuando se caracterizaba de Madame Lover Boom.
—Sí, y espectacular como siempre. ¡Deslúmbralos a todos!
—Eso haré —afirmó poniéndose de pie y haciendo que ella tuviese que levantar la
cabeza, ya que su amigo de por sí ya era alto, pero con las plataformas que portaba cuando se transformaba alcanzaba los dos metros de altura con facilidad.
—Estaré fuera —anunció al imaginarse que no tardarían mucho en llamar a su
amigo para que saliese al escenario; así ella podría buscar el mejor emplazamiento para
poder ver el espectáculo.
—Gracias por acompañarme hoy, Eva —añadió Daryl con un tono melancólico en
su voz, provocando que ésta sonriese abiertamente.
—¿Y perderme una fiesta en un barco? ¡Ni loca! —soltó haciendo reír a su amigo.
—Intenta divertirte fuera y, ¡quién sabe!, a lo mejor encuentras al amor de tu vida
—comentó mientras le guiñaba un ojo, haciendo que las pestañas postizas rozasen sus
mofletes.
—Con la suerte que tengo, soy capaz de encontrármelo de frente, tropezarme y caer
en brazos de otro hombre… —bufó ella negando con la cabeza; su vida era así, un traspié
tras otro después de un gran desengaño amoroso que arrastraba desde hacía demasiado
tiempo.
—Pues abre los ojos, Eva —indicó haciendo que ésta sonriese mientras asentía y
abría los ojos desmesuradamente. Cuando cerró la puerta del camerino, todavía podía oír las carcajadas de Daryl.
Nada más salir a cubierta, observó el cielo estrellado de aquella noche de primeros
de septiembre agradeciendo la suave brisa que hacía bailar su sobrio —pero perfecto para todas las ocasiones— vestido negro con un poco de vuelo, mientras advertía en el
horizonte unas nubes que ansió que no fueran a más, pues en aquella época del año el
tiempo cambiaba drásticamente, pues podía hacer sol y, al poco, diluviar; bien lo sabía
ella, que llevaba viviendo en Chicago cinco años. La gente se arremolinaba alrededor del
escenario, al que saldría en breve su amigo; el ambiente, festivo y distendido, los caros
vestidos y los ostentosos relojes de los hombres llamaban la atención, dejando claro el
alto poder adquisitivo de todos los invitados a aquel navío. ¡Con lo que le costaba a ella
llegar a fin de mes! Y eso que tenía dos trabajos… Se acercó a la barra, con la intención
de levantar su ánimo al verse fuera de lugar en un sitio como ése, pues no quería que su
amigo la viese deprimida por no haber conseguido todavía su objetivo al llegar a esa
ciudad; la ciudad del viento, como era conocida, como también era famoso su horizonte,
un skyline repleto de rascacielos…
—Un gin-tonic —pidió Eva al camarero.
—Enseguida —le contestó éste mientras comenzaba a coger la copa para
prepararlo.
Muy cerca de ella se posicionó un hombre que tendría un poco menos de treinta y
cinco, le calculó. Eva lo evaluó en un simple vistazo: guapo, fornido —seguramente un
adicto al gimnasio, por los músculos que se le marcaban debajo de esa camisa blanca
entallada—, ojos cristalinos y chispeantes, dientes blanquísimos y sonrisa afable. Se
notaba que era consciente de poseer pinta de serio y bueno, un querubín, por aquellos
rizos dorados que lo hacían todavía más adorable y que resultaban un imán para cualquier mujer que tuviera un par de ojos en la cara. Su pose y sus movimientos confiados reflejaban esa seguridad que a Eva le hizo gracia, ya que contrarrestaban con la imagen tímida que desprendía éste de manera innata. Acababa de colocarse cerca de una despampanante rubia que tenía al lado.
—Debería ser un delito ser tan guapa —le oyó decir, y Eva tuvo que hacer un
esfuerzo descomunal para no carcajearse de aquella manera de ligar.
—Aunque lo fuera, tú no lo disfrutarías —sentenció la chica, apartándose de la
barra y dejándolo solo. «¡Olé por ti, rubia!», pensó Eva mirando por el rabillo del ojo cómo éste intentaba disimular la negativa recibida, ya que se notaba que no era algo que le ocurriera a menudo.
—Muchas gracias —dijo Eva al camarero cuando le dio la copa solicitada, para
después girarse (sin tener que pagar nada, ya que disponía de barra libre en aquella fiesta) y situarse cerca del escenario.
El alcohol ayudaba a conformar un ambiente distendido y, acompañada por su copa,
se topó de nuevo con aquel hombre que parecía no perder la esperanza de ligar con una
de esas espectaculares mujeres; esa vez la elegida fue una pelirroja —que parecía recién
salida de un catálogo de lencería cara, por lo exuberante y perfecta que era—, que otra
vez se encontraba cerca de donde ella se hallaba, algo que le facilitó poder ser testigo de
las artes de seducción del tipo y, sin mucha cosa más que hacer, prestó atención a su
conversación.
—¡Creo que ha caído un ángel del cielo y lo tengo delante! —exclamó con tono
seductor.
La pelirroja lo miró una milésima de segundo para después, sin decirle nada y con
una actitud bastante engreída, alejarse de donde estaba él con aires de superestrella
mientras contoneaba su escultural cuerpo. Eva no pudo contener la carcajada que le brotó de golpe al ver el efecto que ocasionaba con esas frases de manual del siglo pasado.
¡Parecía el antiligón!
—¿Qué? —le espetó éste de malas maneras, al percatarse de que se reía de él.
—Nada… angelito —contestó Eva sin poder parar de troncharse; cuando empezaba,
no podía parar, aunque quisiera.
—¿Te estás riendo de mí? —preguntó visiblemente molesto.
—No… Me estoy riendo contigo —replicó como pudo, ya que no podía controlar
las carcajadas—. ¿De verdad te funcionan esas frases?
Él la miró detenidamente, repasando sus facciones latinas, sus ojos oscuros, su
melena negra azabache y su risa descarada y sincera. Era llamativa; no como esas mujeres que paseaban por cubierta, que parecían sacadas de una revista de modelos, pero poseía algo que la hacía agradable a la vista.
—No tienes pinta de ser una solterona rencorosa —objetó sin dejar de escudriñarla,
como si quisiera encontrarle algún fallo.
—Pues tú sí que tienes pinta de moscón, pero de uno anticuado —soltó Eva
limpiándose las lágrimas causadas por el ataque de risa.
—¿Te crees graciosa?
—Hombre, chispa sí que tengo. Pero, chist…, quiero ver el espectáculo —pidió
señalando el escenario, que acababa de iluminarse, atrayendo así la atención del público.
—¿De verdad te funciona? —inquirió el hombre acercándose a ella, ya que ésta
había dado un paso hacia delante para no perderse detalle de la actuación de Daryl.
—¿El qué? —preguntó en un acto reflejo, ya que se estaba arrepintiendo de no
haber mantenido la boquita cerrada y permitir que ese tipo se fuera a por otra conquista, dejándola a ella tranquila. Pero no… ¡Le había entrado la risa y no había podido aguantarla!
—Comportarte así con los hombres… ¿Te funciona para ligar?
—No estoy intentando ligar contigo —informó posando su mirada oscura en él—.
Es más, si lo estuviera haciendo, no tendrías dudas al respecto. No soy de las que dan
falsas señales, te lo puedo asegurar. Lo que pretendo ahora mismo, en este precioso barco, es ver el espectáculo y no llamar precisamente tu atención —señaló mientras veía cómo salía su amigo, perfectamente caracterizado de su alter ego, y sonría complacida al ver el aplomo que tenía éste cuando se subía a unas tablas. ¡Había nacido para eso!
Contrariado y un poco molesto por aquella manera de ser de esa mujer, éste se dio
la vuelta y se acercó a sus tres amigos, que lo esperaban a pocos pasos.
—¿Qué te ocurre, Brian? —preguntó Jack al ver el rostro confuso de éste.
—Cada vez entiendo menos a las tías —sentenció mientras señalaba con la cabeza
a Eva, que estaba absorta en los movimientos estudiados de Daryl encima del escenario
y sonreía orgullosa.
—Pues la morena está como para dejarse entender —añadió Clive sin dejar de
mirarla mientras se arreglaba los puños de su camisa, sacándolos por debajo de su
americana. Sabía que tenía un rostro que llamaba la atención de las mujeres, y además lo combinaba con una manera de ser chulesca, de tipo duro, que le resultaba infalible. Era, de los cuatro amigos, el más bajito, aunque rondara el metro ochenta y cinco. Su cuerpo atlético y fibroso, y sus ojos verdes, hacían el resto. No podía quejarse, siempre conseguía lo que quería.
—Te recomiendo que ni te acerques a ella —comentó Brian negando con la cabeza;
lo había dejado descolocado y eso era algo que jamás le ocurría. Prácticamente no se tenía que esforzar cuando quería seducir, pues se presentaba a cualquier mujer y ésta caía rendida a sus pies. Supuso que la influencia de estar sobre el lago, navegando, le estaba jugando una mala pasada y por eso no estaba obteniendo los resultados esperados.
—Ahora me han entrado más ganas de ligármela —indicó Clive, haciendo reír a
Jack mientras negaba con la cabeza y, de paso, observaba el rostro serio de su otro amigo, el cual no había pronunciado ni una sola palabra, pendiente del espectáculo que se realizaba en el escenario.
—¿Cómo estás? —preguntó Jack a este último.
—No me lo puedo creer aún… —bufó Owen, perplejo, sin ni siquiera parpadear—
. Te prometo que pensaba que me estabas gastando una broma, que era una excusa para
hacerme subir al barco, pero no… —susurró con incredulidad, sin dejar de mirar hacia el
escenario—. Es verdad, y no sé qué decir ni qué pensar…
—Bueno, yo me voy a por la morena. ¡Deseadme suerte! —exclamó Clive sin
pensárselo mucho para luego acercarse a la susodicha, obviando el momento por el que
estaba pasando Owen y centrándose en su propio disfrute.
—Le doy un par de minutos —añadió Brian negando con la cabeza, presintiendo
que ésta no le daría cancha a su amigo, igual como había hecho con él.
Jack lo miró y negó con la cabeza; en la mente de esos dos sólo había espacio para
el sexo, los negocios y poco más.
—¿Qué vas a hacer? —le planteó Jack a Owen, obviando a sus otros dos amigos,
que estaban empeñados en ligarse a cualquiera de las mujeres que paseaban su palmito
por cubierta.
—Nada… ¿Qué quieres que haga? —repreguntó, alzando los hombros con
resignación—. No llevo en esta ciudad ni una hora y me entero de esto así… —murmuró
apesadumbrado.
—Sabía que, si no lo veías con tus propios ojos, no te lo creerías, como me pasó a
mí cuando me enteré…, por eso he ido a por ti al aeropuerto y te he hecho venir hasta aquí —aclaró Jack—. Llevas desaparecido un año, pendiente sólo de pescar y mirar cómo
saltan los canguros en la apacible y sosegada Kiarma… Todavía no entiendo cómo te
fuiste allí. Ya que decidiste escaparte a Australia, deberías haber elegido Sídney o
Melbourne y no ese pueblecito costero… —añadió, negando con la cabeza y sin
comprender las razones que lo llevaron a realizar tal disparate—. Es normal que en ese
tiempo de desconexión las cosas hayan cambiado…
—Elegí precisamente ese pueblo porque no tenía nada en común con esto —afirmó
señalando el famoso horizonte de Chicago—. Quería cambiar de aires radicalmente, y no
me he dedicado sólo a pescar y a ver cómo saltan los canguros… —replicó sonriendo
vagamente.
Había sido un año muy complicado para resumirlo en unos minutos; además, sabía
que Jack no entendería los motivos que lo habían llevado a desaparecer
momentáneamente del foco de atención, o tal vez sí, pero él era incapaz de verbalizarlo…
y a veces incluso de planteárselo, como si, al no hacerlo, creyera que no era real… Habían
pasado demasiadas cosas en muy poco tiempo y en ese momento, a todo ello, se le sumaba ese hecho que todavía le costaba asimilar, que le costaba incluso mirar, pero no había duda de que era él…
—Si querías cambiar de aires, no hacía falta irse tan lejos. Por aquí también hay
pueblecitos tranquilos y costeros… —señaló Jack.
—No quería tener la tentación de volver, por eso me marché a tantos miles de
kilómetros; además, tampoco hubiese sido la mejor compañía, todo lo ocurrido me ha
hecho cambiar… —bufó, volviendo a centrar la atención en el escenario, todavía incrédulo por lo que presenciaba.
—Bah, no me digas que te has convertido en un muermo. ¡Owen, tú eres el alma de
todas las fiestas!
—No soy el mismo, tío —replicó éste, haciendo una mueca de disgusto—. O, mejor
dicho, las circunstancias me han hecho madurar…
—¡No digas tonterías! La fruta es la única que madura, nosotros nos volvemos más
interesantes con los años para las jovencitas —comentó señalando a las mujeres que había en cubierta. Ambos, cada uno en su estilo, sabían que tenían atractivo suficiente como para tener a la que les viniese en gana. Jack era moreno, con los ojos negros y un cuerpo duramente trabajado en el gimnasio; por su parte, Owen era castaño, con los ojos de una tonalidad entre azul y gris que hechizaba a cualquier fémina con sólo posar su seductora mirada en ella; además, su cuerpo atlético y su manera de ser seducía sin pretenderlo.
—Ver para creer… —intervino Owen, asombrado, observando de nuevo a su
amigo—. Clive me contó que el divorcio había hecho mella en ti, pero no me lo creía.
—Ni me la nombres —pidió Jack con desgana—. Si es que soy gilipollas. No podía
conformarme con lo que tenéis vosotros, un rollete cada noche, no… ¡Tenía que buscar
una mujer con la que casarme y tener hijos, y al final fui a parar con la peor!
—Son cosas que pasan, Jack…, pero fuiste feliz.
—Esa felicidad duró sólo tres años, Owen; el cuarto fue un infierno, hasta que me
presentó los papeles del divorcio.
—Bueno, pero fueron tres años de la hostia.
—Sí, eso sí —rezongó Jack con desgana.
—¡Lo sabía! —exclamó de repente Brian, haciendo que los dos amigos reparasen
en él—. La morena es un hueso duro de roer —sentenció observando cómo Clive volvía
al grupo solo y con cara de pocos amigos.
—A ver, ¿quién es el puto amo? —soltó cuando estuvo cerca de ellos, mostrando
de golpe una sonrisa resplandeciente.
—No puede ser… —bufó Brian, consternado de que éste hubiese conseguido algo
de esa chica.
—Se llama Anastasia, es cubana y en cuanto acabe el espectáculo nos iremos
solos… Ya me entendéis —informó Clive con orgullo al haber conseguido ligarse a una
mujer que parecía dura, aunque en el fondo no lo había sido tanto.
—No tenía acento cubano… —murmuró Brian mirándola fijamente.
En ese momento Eva comenzó a aplaudir efusivamente mientras saludaba al drag
queen que hacía reverencias exageradas, recibiendo la aclamación del público.
—¿Vas a ir a hablar con él? —le preguntó Jack a Owen.
—Claro, es mi hermano, aunque vaya disfrazado de reina de la noche —masculló
él sin dejar de mirar y, por ello, descubrir cómo éste se percataba de su presencia y se le
cambiaba el gesto por uno de sorpresa y pánico, para después recomponerse y proseguir
el espectáculo. El show debía continuar, pasara lo que pasase.

 

¿Qué ocurrirá cuando Owen y Eva se conozcan? ¿Se sentirán atraídos o, tal vez, no se soportaran? 

Descubre esta seductora y divertida historia de amor en la que un «te odio» puede llegar a estar muy cerca de un «te quiero».

A la venta el 12 de marzo de 2019 en todas las tiendas digitales.

¡¡Qué no te la cuenten!! Te enganchará.